«Madrid, rompeolas de las Españas» es el ajustado epíteto otrora frecuentemente mentado en que Lo Hispano se ha inspirado para iniciar una andadura de «reunión familiar» que tuvo amplio eco en el evento del pasado sábado día 1 de junio en el Cine Paz, donde se dieron cita españoles no sólo de los cuatro puntos cardinales de la Península sino de «ambos hemisferios», tal y como reza el famoso preámbulo de la Constitución de 1812, La Pepa.
Y es que Madrid es más una ciudad del nuevo mundo que una capital europea al uso porque, aunque el origen de Madrid se remonta a la Edad Media como atestiguan edificios aún en pie del siglo XIII, la capitalidad de Madrid no se debe sino a una decisión fundacional análoga a la que se dio en las ciudades hispanoamericanas que se fueron creando desde la primera década anterior al siglo XVI, algunas de ellas1 con más de medio siglo de antelación a la investitura de Madrid como capital de España por parte de Felipe II en 1561.
Una cuasi-perfecta combinación de elementos hicieron del acto un éxito cuyo modelo queremos repetir
Sea como fuere y, aunque este concepto de «Madrid ciudad del nuevo mundo» no está explícitamente presente en casi nadie, el hecho es que el otro día en Madrid nos concitamos una tan variada panoplia de hispanos como sólo podría darse aquí, en Madrid, o como mucho en una única otra ciudad, que –aunque instalada en territorio hostil– ostenta una especie de estatuto informal de capital americana de la Hispanidad.
Me refiero, naturalmente, a Miami. Al Miami pronunciado según el catón del terso y claro A-E-I-O-U español, por supuesto, no al Miami que se pronuncia como un bostezo cuyo irreflexivo seguidismo por parte de muchos españoles es síntoma de la insidiosa alienación a la que conduce el lenguaje tomado del medio sin más ni más, como el uso de la absurda expresión «Latinoamérica»2 en vez de Hispanoamérica.
Sorpresa por una inesperada pleitesía a Madrid como capital hispana del otro lado del charco
Pero vayamos ahora a la parte mollar de esta crónica, que es dar cuenta de lo acontecido el pasado día 1 de junio, aunque no sin antes apuntar que este comentario sobre Miami no es una mera digresión irrelevante y baladí al tema que nos ocupa ya que, como luego se verá, en el acto se dio un sorpresa de última hora en la que Miami, en tanto que símbolo de capitalidad atlántica de Hispanoamérica, rindió inesperada pleitesía a este nuestro estreno en devolver a Madrid su estatuto de «rompeolas de las Españas».
Un recorrido visual por los cuatro pilares de la sesión
Probablemente no haya nada más expresivo que glosar con texto las imágenes más representativas de la velada:

El primer elemento que cumplió su función a la perfección fue el Cine Paz de Madrid, cuya dedicación al proyecto les llevó incluso a confeccionar una carátula especial particularizada para la ocasión que colocaron como telón de fondo a los espacios de presentación y mesa redonda. La audiofonía, la taquilla y el mobiliario para los ponentes también fueron gestionados con toda precisión y eficacia. Vaya pues la enhorabuena al jefe de sala, Jesús, a la ejecutiva de MK2 Cinemas, Carolina, y a su director general, Álvaro, de los que no hemos obtenido más que facilidades. También es de destacar que al llegar el momento de cobrar, en vez de cargar 7 euros como en un principio habíamos anunciado para no pillarnos los dedos, la empresa honró su palabra de rebajar a 6,5 euros el precio de las entradas si se superaban los 100 asistentes.

El elemento principal de la velada, aparte de la película, fue –naturalmente– la presencia de su director, José Luis López-Linares (en el centro) y de uno de sus más destacados protagonistas, Marcelo Gullo (a la derecha de la imagen), quien finalmente superó la afonía aguda (producto del éxito de las presentaciones de su último libro) que nos había impedido anunciar su presencia en un primer momento. El tercero en discordia es Vicente Miró que actuó de maestro de ceremonias.

El otro representante de los que participaron en la película presente en la sesión fue Miguel Bertodano, autor de un cuadro hecho ex-profeso por encargo de José Luis para ilustrar un episodio del que apenas existe representación pictórica pero que es muy expresivo del modo en el que aquellos «conquistadores» pensaban y se conducían. Se trata del momento en el que un grupo de doce franciscanos con aspecto andrajoso comparecen ante Hernán Cortés, sus huestes y una representación del elemento indígena y éste –Hernán Cortés– se abalanza besar los pies de los monjes a modo de saludo ante la gran sorpresa de los presentes, sobre todo de los indios.

El público fue también, cómo no, protagonista esencial del día. Su asistencia fue masiva (238 entradas)3 contando con que era la primera convocatoria de Lo Hispano, apenas publicitada a partir de contactos particulares. En el momento de la foto –tomada hacia el final– muchos asistentes ya se habían ido porque, debido a la duración de la película (112 minutos), a la presentación inicial y la tertulia posterior, el acto se prolongó hasta las 14:45 hrs con lo que ya desde el principio se hizo mención explícita de comprender a quienes consideran abandonar la sala antes de la conclusión del acto. No obstante, como puede apreciarse en la foto, la sala de 290 butacas presenta un considerable nutrido aforo incluso en dichas condiciones.

La sorpresa del acto, de la que no eran conocedores ni siquiera los protagonistas principales, es decir José Luis, Marcelo y Miguel, vino de parte de la Universidad Católica de Nueva España con sede en Miami por iniciativa de su responsable de Relaciones Institucionales para España y Portugal, D. Gregorio Holguín, de conceder uno de sus más altos galardones, la Medalla de Bernardo Gálvez a José Luis López-Linares por su trayectoria de cineasta comprometido con la defensa de la Hispanidad.

Y he aquí una instantánea de la segunda sorpresa de la velada que consistió en que uno de los organizadores de esta primera actividad de Lo Hispano, el miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación D. Carlos Matilla Reyes del Pulgar también recibiera la susodicha Medalla de Bernardo Gálvez por su apoyo a la Hispanidad, destacando su colaboración con la Comisión para la Beatificación de Isabel La Católica.
Faltan sus fotos, las del público que nos honró con su presencia
Concluye aquí, por el momento, este breve reportaje gráfico de este nuestro primer acto público de Lo Hispano, a expensas de que ustedes mismos lo completen con sus propias fotos y comentarios, cosa que espero podamos realizar en breve durante los próximos días toda vez que habilitemos un medio digital para llevarlo a cabo.
- La Isabela, en la Isla de La Española, hoy República Dominicana, en 1494. Santo Domingo, en 1502. Santa María de Darién en lo que hoy es Panamá, en 1510. Quito, en 1534. Etc., etc., etc. ↵
- Absurdo porque ¿qué tiene que ver el Lacio –de donde viene el gentilicio «latino»– con un señor del Altiplano, el Caribe, la Pampa o de la misma Piel de Toro? ↵
- Por lo general la media de las sesiones cinematográficas matutinas no pasa de la docena. ↵