De entre las múltiples omisiones, negligencias y olvidos históricos de que los españoles tenemos que acusarnos, probablemente no haya ninguno más clamoroso y más reduplicativamente ignorado que el de la presencia y la huella hispana en Asia.

Porque prácticamente nadie tiene presente que España no sólo descubrió, pobló y exploró de cabo a rabo desde Alaska a la Patagonia el continente americano sino que abrió para la navegación el Océano Pacífico, en su día conocido como «el lago español» porque sólo los españoles se movían por él como Pedro por su casa.

Las cartas náuticas que los españoles confeccionaron durante los siglos XVI y XVII hicieron posible la navegación a aquellos que posteriormente no han tenido recato en ufanarse de sus «descubrimientos» –como el ínclito Captain Cook– dando subrepticiamente a entender que ellos fueron los pioneros.

Mi querido amigo Jose Luis López-Linares en la primera de sus dos magníficas películas («España, la primera globalización») sobre la gesta hispana menciona, por supuesto, los contactos de la monarquía hispánica con China, su decisiva influencia en la mundialización del tráfico marítimo a través de la moneda de plata y la puesta a punto del llamado «tornaviaje» o ruta óptima de vuelta desde aquellos asiáticos lares.

Pero, más allá de esas y otras obvias e inexcusables referencias como las que merecen Las Molucas o Las Filipinas, queda por hacer una ingente labor que consiste en la reseña siquiera somera de los múltiples lugares menores, costas, islas, tribus y pueblos primitivos con los que los españoles de los siglos XVI a XVIII entraron en contacto en sus idas y venidas por «el lago español».

Pues bien; estamos de enhorabuena, porque un español contemporáneo nuestro, esforzado viajero como aquellos que nos precedieron, ha hecho gala durante más de treinta años del mismo arrojo y perseverancia para recorrer puntualmente todos aquellos lugares y traernos muestras de su arte y su cultura.

Se llama Guillermo Martínez Castro y es el artífice de una espléndida colección de esculturas en exposición durante unos días de este mes y hasta principios del mes que viene en la Casa de Cultura de Torrelodones, Madrid.

Son esculturas exquisitas como reza el título de la exposición, escogidas cuidadosamente y atesoradas durante décadas por su descubridor. Todas ellas han sido compradas in situ a quienes las produjeron o las custodiaron como herencia de sus antepasados por el mismo Guillermo, a quien me une una reciente pero estrecha vinculación pues tuve el placer de entablar amistad con él a través  las actividades que se han llevado a cabo desde este mismo blog.

Y también a quien profeso una gran admiración por haber sido capaz de reunir este singular patrimonio ahora puesto a disposición de todos nosotros.

Singular patrimonio que reclama investigación porque el hilo conductor de todas estas piezas, aparte de sus evidentes cualidades plásticas, ha sido la fascinación por recorrer todos los lugares bañados por las aguas del Pacífico donde recalaron los españoles en sus viajes de descubrimiento.

Desde aquí hago un llamamiento para que todos vayamos a ver esta colección que se inaugura mañana a las 19:00 hrs. en la Sala de Exposiciones Rafael Botí de la Casa de Cultura de Torrelodones, Madrid.

Yo estaré allí y espero tener el placer de saludar y conocer a muchos más émulos de nuestro glorioso pasado histórico que, como Guillermo, han tenido y tienen a España y sus cosas en el corazón.

Cartel de la exposición